lunes, 31 de agosto de 2015

Tachado

  Fue una contradicción todo el tiempo. Todo el bendito tiempo. Se debatía entre lo que quería, lo que sentía, lo que debía, lo que necesitaba... y, así, fracasó. Su vida fue y es una constante bomba de humo, dado que así como él va, vuelve, sin lograr ponerse de acuerdo con su centro, con su eje.
 Lo sorprendí más de mil veces charlando consigo mismo, gritándole a sus demonios. Se refugiaba en mis brazos, me prometía amor, me usaba como su amuleto de la suerte y, sin más, yo leía el libreto que él me presentaba con la mayor de las euforias. Cuando estás débil hasta la más suave caricia te reconforta el corazón. Y él sabía ejercer muy bien el poder sobre mis debilidades.
 Se pasaba una mano en la frente, hipócrita lo creía yo, se hacía la señal de la cruz y le pedía a Dios, por favor, que reinara dentro de su mente el silencio. Padecía el enorme suplicio de recorrer las mismas vueltas de su historia, una y otra vez, como si no existiera el ahora, como si no existiera el después. Su vida era un derrumbe constante de ideas frágiles, de una búsqueda desacertada, y la mía era un incendio forestal que había empezado lentamente y que el viento no paraba de alimentar. Entre los dos formábamos el caos.
 Había que ser concientes que, pese a toda tormenta, nos habíamos elegido y debíamos lidiar con eso. El sabio tiempo, bien comprendió, que eso no debía, bajo ninguna ley divina, continuar y puso toda énfasis en destrozarnos. Nos rompió en miles de pedazos, alejándonos como partículas inservibles. Culminó con mi incendio y a él le perdí rastro para siempre...

Volver a empezar

 En reiteradas ocasiones tuve la intención de reinsertar en la web mi viejo Blog, pero luego de incesantes leídas comprendí que no puedo juntar mi pasado con mi presente. La persona que solía explayarse en aquellas páginas le cedió el lugar a la persona que soy hoy y, sin queja alguna, es algo que debo respetar. 
 Es la costumbre, en común, de quien fui y quien soy descansar en la comodidad de las letras, por ende me decido a volver a empezar. Ya no soy una niña, quien les escribe ahora es una mujer, una mujer que pretende ser lo más consecuente posible pero que no se anda con promesas, una mujer rebelde que jamás entendió el mundo como le contaron que tenía que entenderlo, que siempre le buscó la vuelta y ahora que creció está más que convencida que haber sido terca, impulsiva, pensante, ansiosa le trajo sus bendiciones; No todo fueron bendiciones pero ¿Acaso hay algún punto en la vida de alguna persona en donde todo sean bendiciones? No lo creo. 
 Para aquellos que me conocen y para aquellos que recién comienzan a leerme, sean bienvenidos a los famosos grises con los que bastante familiarizados estamos, no se regodeen con los blancos, no descansen en los negros, no hagan reparos en nada, dado que nada es lo que parece, al final, todo termina siendo relativo y cada quien tiene su propia y aparente verdad.
 Sin más, sin esperar nada de nadie, con el fin de saciar mi hambre interna, mis ganas de expresarme solo les digo... Bienvenidos.

Nina.