Sonríe pequeño niño,
que una sonrisa tuya bastará
para calmar cualquier tempestad
y curarme las heridas.
Me dejo arrastrar,
estupefacta,
por este sentir
que solo me lleva a ti
y a tus dulces ojos.
Soy una loca, si,
perdida en una época que
no es mía, ni se acerca;
Una época tan ajena
como hermosa,
porque me llevó
a conocerte.
Dispuse de mi magia
y te separé estrellas
para que acomodes como gustes
en el cielo que te pinté.
Qué no haría para hacerte sentir,
reconstruir, todo lo que perdiste.
Para soñar alto
y volar juntos.
Si un abrazo te bastara,
si un beso te llenara,
no gastaría más de ellos en bocas ajenas,
pues guardaría todos para ti.
Trabajo todos los días,
construyo un camino,
angelito mío,
para que no te pierdas
y sepas que ahí voy a estar,
aún cuando mirar atrás
te deje en penumbras,
yo no te voy a dejar.
Sonríe, dulce niño,
que tus ojos alumbran las mañanas
y yo necesito de tu incentivo
pues tu llama incendia mi alma.
Cuando no quieras caminar,
la tormenta te cubra
y te sientas solo,
besaré tus heridas
y pelearé con tus demonios,
a tu lado;
jurándole a nuestro cielo
que la soledad no volverá
a apabullarte jamás.
Dame la mano,
peleemos, es justo,
es necesario,
pero no me sueltes,
que tirar no se convierta
en romper.
Que tirar se convierta
en afianzar.
Ganemos las batallas,
al menos,
intentemoslo. Juntos.
Sonríe y quedará la fotografía
guardada en el corazón
de ésta muchacha
que todo haría por ti.
Sonríe,
solo eso basta,
niño ojos de cristal,
para que mi corazón te ame más.
Nina Bianco.
martes, 29 de septiembre de 2015
domingo, 6 de septiembre de 2015
Te escribo...
Te escribo porque necesito escribirte, porque hay tantas cosas que no entiendo y que solo vos podes saber. ¿Tan equivocada estoy? Te escribo porque, realmente, ya no puedo más con la delicada línea que separa el todo de la nada. Soy conciente, más que nunca, que un paso en falso puede acabar con todo y dejarme en cero. Creo y sé que no puedo olvidar mi pasado, mi historia, después de todo me llevan a ser quién soy pero tampoco puedo cargar con el peso de tantos recuerdos, tantas preguntas... Te escribo porque no puedo gritar, no tengo fuerzas; pero, más que nada, te escribo porque estás lejos y, la verdad, no me importa. Siempre me entendiste, como nadie, o pretendías muy bien, asique imagino que te hablo y que me escuchas, que me aconsejas y en el fondo todavía me querés y solo querés lo mejor para mi. Tengo miedo, ¿Sabes? Porque antes sentía más, ahora racionalizo. Antes me equivocaba, ahora peor. De vez en cuando tengo momentos, donde me dejo fluir y soy yo, si, yo. Vuelvo a ser yo. Pero no con todas las personas puedo ser yo, racionalizar me paraliza y la emoción se congela para pasar a formar parte de un cuadro sonriente y, aquí no ha pasado nada. Vos sabes, me conoces, sabes que cuando inflo el pecho y sonrío, por dentro me estoy muriendo. Conoces cada gesto, cada mirada y hasta sabes cuando quiero llorar o solo salir corriendo. Te escribo porque no me importa quién seas ahora, la persona que fuiste va a sentir la más profunda empatía conmigo y eso me alcanza.
Necesito contarte que volví a sonreír, de verdad, volví a sentir una conexión de entrada con alguien, así como siempre me pasó cuando me enamoré previamente y supe que era correcto. Así como en su momento lo sentimos y sabíamos que era verdad. Hago hincapié en la veracidad de estos hechos porque sino no vas a poder dimensionar lo que te cuento. Lo dejé fluir y pasó, sonreí y él sonrío conmigo. Y no fingí. Por primera vez, en mucho tiempo, no tuve que fingir una sonrisa, una caricia, un beso vacío. Fue hermoso. Tanto tiempo pasé probando labios insensatos, cuerpos que me sabian ajenos, sintiendo distancias inimaginables y todo por placeres banales que pensé iban a llenar un espacio en mi corazón. Puras mentiras que intenté creerme. No funcionó. Hasta que, cuando más descreída de todo y todos me sentía, él apareció. El gran problema, querido amigo, es que una gran parte de él no cree en mí, una gran parte de él no cree en nadie. ¿Y cómo creer si el pasado lo castigo de tal forma? ¿Y cómo yo, sabiendo todo, cedí ante una sonrisa? Me vuelvo a preguntar, ¿Tan equivocada estoy? Y si es así, ¿Por qué siento que estoy más acertada que nunca? ¿Te pasó algo así después de mi? Necesito poder entender, le es imperativo a mi anhelo por racionalizar todo, saber. Pero, ¿Cómo voy a racionalizar algo que solo se puede vivir si se siente?
Tanto, tanto, miedo consumiendo mis entrañas. Tanto como para escribirte. ¿Cómo puede algo tan insignificante ser más que todo para una persona? Y pensar que yo solía ser quién te aconsejaba siempre... Míranos ahora, mírame ahora. Seguro no te imaginabas algo así. Jamás habrías siquiera soñado que alguien tan aniñada y soñadora, algún día, se volvería fría y calculadora. Y, sin embargo, no quiero esto, los extremos son peligrosos y, sinceramente, extraño a esa joven mujercita que sonreía cautivada por todo, a esa dulce persona que siempre lo dio todo a cambio de nada. Sufría, si, pero la felicidad era la más pura y real, nacía en las raíces de mi corazón y tenían una onda expansiva que iba más allá de mi cuerpo. ¿Entendes ahora por qué te escribo? Después de tanto tiempo siento que todo puede volver a ponerse en su lugar y me asusta. Un mal movimiento y pierdo el juego. Una palabra mal dicha y el corazón, que tanto me costó reparar, volvería a hacerse pedazos. Estallaría por doquier, obligándome a buscar refugio en ecos inexistentes.
Te escribo porque no puedo hablarlo con nadie más y, honestamente, cuando todos quieren callar, yo prefiero gritar. Dame una palabra, un consejo, una mueca, satisface mi deseo de calma, prométeme que todo va a estar bien y oblígame a no bajar los brazos, haceme sentir que si desisto voy a ser una cobarde. Por favor. Te permito que me regañes, porque necesito el empujón, necesito animarme y volver a estar completa, de pie. Te escribo porque sos el único capaz de, aún con los ojos vendados, hacerme ver...
Necesito contarte que volví a sonreír, de verdad, volví a sentir una conexión de entrada con alguien, así como siempre me pasó cuando me enamoré previamente y supe que era correcto. Así como en su momento lo sentimos y sabíamos que era verdad. Hago hincapié en la veracidad de estos hechos porque sino no vas a poder dimensionar lo que te cuento. Lo dejé fluir y pasó, sonreí y él sonrío conmigo. Y no fingí. Por primera vez, en mucho tiempo, no tuve que fingir una sonrisa, una caricia, un beso vacío. Fue hermoso. Tanto tiempo pasé probando labios insensatos, cuerpos que me sabian ajenos, sintiendo distancias inimaginables y todo por placeres banales que pensé iban a llenar un espacio en mi corazón. Puras mentiras que intenté creerme. No funcionó. Hasta que, cuando más descreída de todo y todos me sentía, él apareció. El gran problema, querido amigo, es que una gran parte de él no cree en mí, una gran parte de él no cree en nadie. ¿Y cómo creer si el pasado lo castigo de tal forma? ¿Y cómo yo, sabiendo todo, cedí ante una sonrisa? Me vuelvo a preguntar, ¿Tan equivocada estoy? Y si es así, ¿Por qué siento que estoy más acertada que nunca? ¿Te pasó algo así después de mi? Necesito poder entender, le es imperativo a mi anhelo por racionalizar todo, saber. Pero, ¿Cómo voy a racionalizar algo que solo se puede vivir si se siente?
Tanto, tanto, miedo consumiendo mis entrañas. Tanto como para escribirte. ¿Cómo puede algo tan insignificante ser más que todo para una persona? Y pensar que yo solía ser quién te aconsejaba siempre... Míranos ahora, mírame ahora. Seguro no te imaginabas algo así. Jamás habrías siquiera soñado que alguien tan aniñada y soñadora, algún día, se volvería fría y calculadora. Y, sin embargo, no quiero esto, los extremos son peligrosos y, sinceramente, extraño a esa joven mujercita que sonreía cautivada por todo, a esa dulce persona que siempre lo dio todo a cambio de nada. Sufría, si, pero la felicidad era la más pura y real, nacía en las raíces de mi corazón y tenían una onda expansiva que iba más allá de mi cuerpo. ¿Entendes ahora por qué te escribo? Después de tanto tiempo siento que todo puede volver a ponerse en su lugar y me asusta. Un mal movimiento y pierdo el juego. Una palabra mal dicha y el corazón, que tanto me costó reparar, volvería a hacerse pedazos. Estallaría por doquier, obligándome a buscar refugio en ecos inexistentes.
Te escribo porque no puedo hablarlo con nadie más y, honestamente, cuando todos quieren callar, yo prefiero gritar. Dame una palabra, un consejo, una mueca, satisface mi deseo de calma, prométeme que todo va a estar bien y oblígame a no bajar los brazos, haceme sentir que si desisto voy a ser una cobarde. Por favor. Te permito que me regañes, porque necesito el empujón, necesito animarme y volver a estar completa, de pie. Te escribo porque sos el único capaz de, aún con los ojos vendados, hacerme ver...
jueves, 3 de septiembre de 2015
This words I've said to you.
Apacible te soñé,
Como la sombra que acaricia la bruma
Y se pierde en la ráfaga de una ilusión.
Lleno de emoción, regalándole caricias al viento.
No pude parar de mirarte ni un segundo.
Tibio, enamorado, libre,
Sonriéndome a lo lejos
Sin que cesara tu andar.
Se confundían los colores de tu alma
con los del espacio infinito,
el cielo y todo tu esplendor.
Nada más que puro amor.
Y no pude comprender
Cómo tan ferviente corazón
Se mostraba ahora tan rígido,
Insensato, pues mutaban tus gestos.
De cerca sentí una tormenta irascible,
De pronto perdí noción
Y me dejé caer del risco más alto,
Como si nada.
El resquebrajar de las ramas contra mi cuerpo,
Una lluvia de despedida,
Dolores mudos hundiéndose
En la perspicacia de una lágrima.
Susurré tu nombre, una vez más,
Recordando aquél niño que jugaba
Corriendo por la pradera,
Dibujando su silueta con una gracia particular...
Apacible te soñé,
Irascible te encontré
Y tras unos ojos rojos,
El impacto más feroz, el despertar.
lunes, 31 de agosto de 2015
Tachado
Fue una contradicción todo el tiempo. Todo el bendito tiempo. Se debatía entre lo que quería, lo que sentía, lo que debía, lo que necesitaba... y, así, fracasó. Su vida fue y es una constante bomba de humo, dado que así como él va, vuelve, sin lograr ponerse de acuerdo con su centro, con su eje.
Lo sorprendí más de mil veces charlando consigo mismo, gritándole a sus demonios. Se refugiaba en mis brazos, me prometía amor, me usaba como su amuleto de la suerte y, sin más, yo leía el libreto que él me presentaba con la mayor de las euforias. Cuando estás débil hasta la más suave caricia te reconforta el corazón. Y él sabía ejercer muy bien el poder sobre mis debilidades.
Se pasaba una mano en la frente, hipócrita lo creía yo, se hacía la señal de la cruz y le pedía a Dios, por favor, que reinara dentro de su mente el silencio. Padecía el enorme suplicio de recorrer las mismas vueltas de su historia, una y otra vez, como si no existiera el ahora, como si no existiera el después. Su vida era un derrumbe constante de ideas frágiles, de una búsqueda desacertada, y la mía era un incendio forestal que había empezado lentamente y que el viento no paraba de alimentar. Entre los dos formábamos el caos.
Había que ser concientes que, pese a toda tormenta, nos habíamos elegido y debíamos lidiar con eso. El sabio tiempo, bien comprendió, que eso no debía, bajo ninguna ley divina, continuar y puso toda énfasis en destrozarnos. Nos rompió en miles de pedazos, alejándonos como partículas inservibles. Culminó con mi incendio y a él le perdí rastro para siempre...
Lo sorprendí más de mil veces charlando consigo mismo, gritándole a sus demonios. Se refugiaba en mis brazos, me prometía amor, me usaba como su amuleto de la suerte y, sin más, yo leía el libreto que él me presentaba con la mayor de las euforias. Cuando estás débil hasta la más suave caricia te reconforta el corazón. Y él sabía ejercer muy bien el poder sobre mis debilidades.
Se pasaba una mano en la frente, hipócrita lo creía yo, se hacía la señal de la cruz y le pedía a Dios, por favor, que reinara dentro de su mente el silencio. Padecía el enorme suplicio de recorrer las mismas vueltas de su historia, una y otra vez, como si no existiera el ahora, como si no existiera el después. Su vida era un derrumbe constante de ideas frágiles, de una búsqueda desacertada, y la mía era un incendio forestal que había empezado lentamente y que el viento no paraba de alimentar. Entre los dos formábamos el caos.
Había que ser concientes que, pese a toda tormenta, nos habíamos elegido y debíamos lidiar con eso. El sabio tiempo, bien comprendió, que eso no debía, bajo ninguna ley divina, continuar y puso toda énfasis en destrozarnos. Nos rompió en miles de pedazos, alejándonos como partículas inservibles. Culminó con mi incendio y a él le perdí rastro para siempre...
Volver a empezar
En reiteradas ocasiones tuve la intención de reinsertar en la web mi viejo Blog, pero luego de incesantes leídas comprendí que no puedo juntar mi pasado con mi presente. La persona que solía explayarse en aquellas páginas le cedió el lugar a la persona que soy hoy y, sin queja alguna, es algo que debo respetar.
Es la costumbre, en común, de quien fui y quien soy descansar en la comodidad de las letras, por ende me decido a volver a empezar. Ya no soy una niña, quien les escribe ahora es una mujer, una mujer que pretende ser lo más consecuente posible pero que no se anda con promesas, una mujer rebelde que jamás entendió el mundo como le contaron que tenía que entenderlo, que siempre le buscó la vuelta y ahora que creció está más que convencida que haber sido terca, impulsiva, pensante, ansiosa le trajo sus bendiciones; No todo fueron bendiciones pero ¿Acaso hay algún punto en la vida de alguna persona en donde todo sean bendiciones? No lo creo.
Para aquellos que me conocen y para aquellos que recién comienzan a leerme, sean bienvenidos a los famosos grises con los que bastante familiarizados estamos, no se regodeen con los blancos, no descansen en los negros, no hagan reparos en nada, dado que nada es lo que parece, al final, todo termina siendo relativo y cada quien tiene su propia y aparente verdad.
Sin más, sin esperar nada de nadie, con el fin de saciar mi hambre interna, mis ganas de expresarme solo les digo... Bienvenidos.
Nina.
Es la costumbre, en común, de quien fui y quien soy descansar en la comodidad de las letras, por ende me decido a volver a empezar. Ya no soy una niña, quien les escribe ahora es una mujer, una mujer que pretende ser lo más consecuente posible pero que no se anda con promesas, una mujer rebelde que jamás entendió el mundo como le contaron que tenía que entenderlo, que siempre le buscó la vuelta y ahora que creció está más que convencida que haber sido terca, impulsiva, pensante, ansiosa le trajo sus bendiciones; No todo fueron bendiciones pero ¿Acaso hay algún punto en la vida de alguna persona en donde todo sean bendiciones? No lo creo.
Para aquellos que me conocen y para aquellos que recién comienzan a leerme, sean bienvenidos a los famosos grises con los que bastante familiarizados estamos, no se regodeen con los blancos, no descansen en los negros, no hagan reparos en nada, dado que nada es lo que parece, al final, todo termina siendo relativo y cada quien tiene su propia y aparente verdad.
Sin más, sin esperar nada de nadie, con el fin de saciar mi hambre interna, mis ganas de expresarme solo les digo... Bienvenidos.
Nina.
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