Te escribo porque necesito escribirte, porque hay tantas cosas que no entiendo y que solo vos podes saber. ¿Tan equivocada estoy? Te escribo porque, realmente, ya no puedo más con la delicada línea que separa el todo de la nada. Soy conciente, más que nunca, que un paso en falso puede acabar con todo y dejarme en cero. Creo y sé que no puedo olvidar mi pasado, mi historia, después de todo me llevan a ser quién soy pero tampoco puedo cargar con el peso de tantos recuerdos, tantas preguntas... Te escribo porque no puedo gritar, no tengo fuerzas; pero, más que nada, te escribo porque estás lejos y, la verdad, no me importa. Siempre me entendiste, como nadie, o pretendías muy bien, asique imagino que te hablo y que me escuchas, que me aconsejas y en el fondo todavía me querés y solo querés lo mejor para mi. Tengo miedo, ¿Sabes? Porque antes sentía más, ahora racionalizo. Antes me equivocaba, ahora peor. De vez en cuando tengo momentos, donde me dejo fluir y soy yo, si, yo. Vuelvo a ser yo. Pero no con todas las personas puedo ser yo, racionalizar me paraliza y la emoción se congela para pasar a formar parte de un cuadro sonriente y, aquí no ha pasado nada. Vos sabes, me conoces, sabes que cuando inflo el pecho y sonrío, por dentro me estoy muriendo. Conoces cada gesto, cada mirada y hasta sabes cuando quiero llorar o solo salir corriendo. Te escribo porque no me importa quién seas ahora, la persona que fuiste va a sentir la más profunda empatía conmigo y eso me alcanza.
Necesito contarte que volví a sonreír, de verdad, volví a sentir una conexión de entrada con alguien, así como siempre me pasó cuando me enamoré previamente y supe que era correcto. Así como en su momento lo sentimos y sabíamos que era verdad. Hago hincapié en la veracidad de estos hechos porque sino no vas a poder dimensionar lo que te cuento. Lo dejé fluir y pasó, sonreí y él sonrío conmigo. Y no fingí. Por primera vez, en mucho tiempo, no tuve que fingir una sonrisa, una caricia, un beso vacío. Fue hermoso. Tanto tiempo pasé probando labios insensatos, cuerpos que me sabian ajenos, sintiendo distancias inimaginables y todo por placeres banales que pensé iban a llenar un espacio en mi corazón. Puras mentiras que intenté creerme. No funcionó. Hasta que, cuando más descreída de todo y todos me sentía, él apareció. El gran problema, querido amigo, es que una gran parte de él no cree en mí, una gran parte de él no cree en nadie. ¿Y cómo creer si el pasado lo castigo de tal forma? ¿Y cómo yo, sabiendo todo, cedí ante una sonrisa? Me vuelvo a preguntar, ¿Tan equivocada estoy? Y si es así, ¿Por qué siento que estoy más acertada que nunca? ¿Te pasó algo así después de mi? Necesito poder entender, le es imperativo a mi anhelo por racionalizar todo, saber. Pero, ¿Cómo voy a racionalizar algo que solo se puede vivir si se siente?
Tanto, tanto, miedo consumiendo mis entrañas. Tanto como para escribirte. ¿Cómo puede algo tan insignificante ser más que todo para una persona? Y pensar que yo solía ser quién te aconsejaba siempre... Míranos ahora, mírame ahora. Seguro no te imaginabas algo así. Jamás habrías siquiera soñado que alguien tan aniñada y soñadora, algún día, se volvería fría y calculadora. Y, sin embargo, no quiero esto, los extremos son peligrosos y, sinceramente, extraño a esa joven mujercita que sonreía cautivada por todo, a esa dulce persona que siempre lo dio todo a cambio de nada. Sufría, si, pero la felicidad era la más pura y real, nacía en las raíces de mi corazón y tenían una onda expansiva que iba más allá de mi cuerpo. ¿Entendes ahora por qué te escribo? Después de tanto tiempo siento que todo puede volver a ponerse en su lugar y me asusta. Un mal movimiento y pierdo el juego. Una palabra mal dicha y el corazón, que tanto me costó reparar, volvería a hacerse pedazos. Estallaría por doquier, obligándome a buscar refugio en ecos inexistentes.
Te escribo porque no puedo hablarlo con nadie más y, honestamente, cuando todos quieren callar, yo prefiero gritar. Dame una palabra, un consejo, una mueca, satisface mi deseo de calma, prométeme que todo va a estar bien y oblígame a no bajar los brazos, haceme sentir que si desisto voy a ser una cobarde. Por favor. Te permito que me regañes, porque necesito el empujón, necesito animarme y volver a estar completa, de pie. Te escribo porque sos el único capaz de, aún con los ojos vendados, hacerme ver...
No hay comentarios:
Publicar un comentario